¿De verdad son útiles?

Las ciudades grandes como Madrid, necesitan de un servicio de limpieza útil y organizado. No máquinas ruidosas y que ensucian más que limpian.Que quede claro desde un principio que este no es un desahogo en contra de los barrenderos de Madrid, al contrario, sino una protesta contra las máquinas empleadas por el Ayuntamiento y la Comunidad en su servicio de limpieza.
Unas máquinas que en la gran mayoría de casos no cumplen para lo que en un principio fueron diseñadas.

Los camiones de limpieza, esos con una cabinita de cristal y una especia de cepillos redondos en la parte delantera, que van expulsando unos finos chorros de agua, a parte de ir por el carril bus entorpeciendo la circulación o por las aceras creando así un nuevo obstáculo junto a las zanjas, baldosas rotas, etc,. para los viandantes, y dejando un desagradable olor a pescadería sucia, no sirven de nada.

En teoría debieron ser creados para recoger las hojas, colillas, papeles… y demás suciedad, pero en la práctica sólo sirven para entorpecer el tráfico, dejar mal olor a su paso y, si no estas muy atento, te pueden hacer la gracia de mojarte.

Además de estos magníficos camiones están esas mochilas raras conectadas a unos tubos que una vez encendidas expulsan aire a gran velocidad. ¡Qué invento! Suelen acompañar a los camiones anteriores. Las mochilas remueven la suciedad, la esparcen y luego el camión parece como si recogiera algo, pero no. ¡Faltaría más! Lo deja peor que estaba antes de que ellos llegaran.

Vivo en una calle del centro de Madrid y suelo “divertirme” viendo el proceso de limpieza de estas dos máquinas. Los señores de las mochilas conectan sus aparatos. ¡Cuidado!, ¡que no salga nadie!, ¡que cierren portales, tiendas y quioscos! El aire empieza a salir, enchufan los tubos hacia el suelo, las hojas, colillas, papeles… y demás suciedad empiezan a volar, a revolotear por toda la calle. Intentan dirigir la suciedad hacia el camión para que lo recoja, lo consiguen, pero es el camión el que no es capaz de succionar toda esa porquería. Y así ahora la calle no sólo está sucia, sino que comparte suciedad con los portales, las entradas de las tiendas, los quioscos de prensa ( que a ver ahora quién es el guapo que coge un periódico o una revista con la mierda que le ha caído encima), con los coches aparcados y con los pobres peatones que no han podido resguardarse y a los que o les ha entrado polvo en los ojos, o se les ha llenado el pelo de hojas de los árboles que andaban por el suelo o si han sido realmente afortunados con ambas cosas.

Sólo quiero decir una cosa más ¡Viva el servicio de barrenderos! eso si que es eficiencia y dejar las cosas mejor que se las encuentran. Sin tanta máquina y tecnología. Ellos, su carrito y su cepillo. No me extraña que sean los que más aplausos arrancan en los desfiles, que aún cuando desfilan van recogiendo lo que dejan los de delante.

¡Vivan los barrenderos de toda la vida!

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