Navegador Web para mi nieto autista

Pensamos que algo tan cotidiano como Internet está hecho para cualquiera, al alcance de la mano de cualquier tipo de usuario. Pero no, nos equivocamos. Algo que es tan básico para cualquiera de nosotros, para un autista puede ser un gran problema y el comienzo de una crisis que puede acabar con autolesiones.

*Los colores, los banners, las imágenes, los contenidos estridentes, una colocación caótica… pueden constituir un gran problema para los autistas.*]

Estas personas necesitan de una monotonía diaria, una rutina que no varíe en nada, que no cambie, ya que cualquier cambio, más aún si es precipitado, por pequeño que sea, para ellos supone una gran alteración, que les produce nerviosismo e incluso puede llegar a ocasionar alguna respuesta agresiva por su parte.

Todo esto llevó a un abuelo de Las Vegas a darse cuenta de que Internet podría llegar a ser una buena herramienta para la rehabilitación de su nieto con una serie de cambios y ajustes.

El abuelo de Zac, un niño autista de 6 años, quien es informático, aplicó sus conocimientos de programación en la creación de un navegador Web para niños autistas como su nieto. El navegador simplifica la búsqueda de contenidos, el bloqueo de algunas teclas y funciones del ordenador para que los niños no se distraigan. Los iconos simplificados y su tamaño también ayudan al niño a acceder a juegos, cuentos y ejercicios mentales.

Cuando el abuelo de Zac publicó en Internet la idea que tuvo, fueron muchos los que se interesaron por su navegador, “Navegador Zac para niños autistas” como él lo llama. Pero no sólo fueron padres los que se interesaron por esta creación, sino que también muchas instituciones encargadas de la educación de estos chicos y escuelas especializadas en autismo pidieron información sobre el navegador y su funcionamiento. Muchos de estos centros y escuelas están pensando ya en introducirlo en su sistema educativo.

LeSieur, el abuelo de Zac, creó este navegador para ayudar a su nieto, y a niños como él, por eso este abuelo ofrece la descarga del software totalmente gratis desde: [www.zacbrowser.com|zacbrowser.com

Los autistas y las personas con síndrome de Down son gente muy especial. Y no lo digo porque padezcan estas enfermedades. Lo digo porque son especiales en cariño. Saben desde un primer momento quién se les acerca de verdad, de corazón, para jugar o simplemente porque sí. Y quienes lo hacen por quedar bien o para hacerles daño o molestar.

Durante mi vida (no mucha, sólo tengo 26 años), he tenido la oportunidad y el orgullo de tener cerca de mí gente que sufría autismo o síndrome de Down. Y digo orgullo no por mí, por vanidad, sino orgullo por ellos, por lo que me han dado y enseñado.

A todos nos enseñan a andar nuestros padres o nuestros abuelos como es lógico, aunque luego nosotros también ponemos de lo nuestro para conseguirlo. Pues bien, a mí también me enseño a andar una persona maravillosa que se llamaba Rafa. Él tenía síndrome de Down. Vivía en la casa donde eran porteros mis abuelos y me conoció nada más salir del hospital. Desde bebé. Cuando empecé a andar él me vigilaba para que no me cayera y me hiciera daño. Cuando veía que me iba a arrancar a andar se ponía detrás de mí, él tan grande y yo tan pequeña, con los brazos abiertos, andando como un pato a mi alrededor para que nadie se acercara y me tirara sin darse cuenta. Cuando veía que me podía caer me cogía y me volvía a llevar junto a mis padres o abuelos que no nos quitaban ojo. No por él, sino porque la gente no veía bien que una “persona así” cuidase de una niña de un año.

Cuando crecí y comencé a montar en bici sin ruedines le tocó ir detrás de mí y de la bicicleta durante horas y horas, el mismo trozo de calle día tras día hasta que aprendí. Me tambaleé muchas veces y perdía el equilibrio, pero al igual que cuando empecé a andar, cuando él estaba nunca llegué a tocar el suelo.

¡Gracias!

Está Beatriz, una chica autista en silla de ruedas que me conoció también cuando nací. Que siempre que veía a mis padres o a mis abuelos conmigo se tenía que asomar al cochecito para verme. Luego se giraba hacia ellos y hacía como si me estuviera meciendo. Ahora cuando ve a mis abuelos siempre hace ese gesto y ellos le dicen que estoy bien. Cuando alguna vez me ha visto a mí, también a hecho el gesto y luego a meneado la cabeza como diciendo que yo no era ese bebé, que era demasiado grande. Para ella todavía soy ese bebé que veía en el cochecito desde su silla de ruedas.

A los 9 años me cambié de casa, y a Rafa le mandaron a un colegio especializado. Con la nueva casa llegaron nuevos vecinos y entre ellos Patricia. Una niña menor que yo. Patricia era autista y digo era porque un día falleció de muerte repentina en el colegio poco después de comer. El día anterior había sido la última vez que jugamos juntas.

Cuando conocí a Patricia también conocí la ignorancia que hay al respecto de esta enfermedad, incluso en la propia familia de quien la padece. Su madre nos advirtió de que podía ser agresiva, nunca lo demostró con nosotros, ponerse nerviosa o llorar sin razón. Decía que no podía dejarla con nadie porque se ponía rabiosa, con nosotros nunca lo hizo.

Patricia no sabía hablar, sólo decía unas pocas palabras. Mama, Ana (mi nombre) y pan (que era lo que siempre nos pedía a mi madre o a mí). Desde que la conocimos nunca llegaba el pan entero a casa, siempre le faltaba un piquito, ahora siempre llega entero. Siempre que nos veía a mi padre, a mi madre o a mí se ponía a saltar, dar palmas y a sonreírse. Nos cogía las manos y jugaba a dar palmas con ellas o a tocarse la cara con nuestras manos. Luego ella con las suyas nos tocaba nuestras caras. Nos daba abrazos. Esa era su manera de decir que nos quería.

Una vez su madre tenía que ir a algo urgente, no podía dejarla con nadie y mi madre se ofreció a que se quedase con nosotras. Su madre no quería porque decía que no pararía de llorar, de enredar, de romper cosas… Al final se quedó con nosotras. Subió a casa, se vino a mi cuarto y no se movió de mi lado hasta que acabé de hacer los deberes del colegio. Cuando llegó su madre, nos encontró viendo los dibujos y comiendo pan. No fue la única vez que se quedó con nosotros.

Patricia me enseñó muchas cosas, como que se puede tener una hermana y no necesariamente ha de ser de sangre, sino que se puede ser hermana de corazón. Cuando murió, no murió la vecina del bajo, la pobre niña autista. Sino que murió mi hermana pequeña. Mi Patri como yo le decía.

Te quiero donde quiera que estés. Nunca olvidaré a mi hermana.

Luego llegó Sandra. La hija de una compañera de mi madre y también con síndrome de Down. A Sandra la he visto un par de veces, no mucho. La primera el día de su cumpleaños. Que lo grabaron en vídeo. Cuando llegamos nos la presentaron, enseguida se vino con nosotros, bueno sobretodo con mi padre, que no se separaba de él ni para ir con sus padres. En el vídeo aparece siempre con él. Cuando pusieron la tarta en la mesa, mi padre sentó a Sandra en la mesa, los dos se miraron y parece que tuvieron el mismo pensamiento. Mi padre le cogió un pie y se lo metió en la tarta. Todo el mundo se quedó callado y pensaron que Sandra se echaría a llorar. Se giró, miró a mi padre y se echó a reír a carcajadas.

Después de más de 12 años de esto, aún hoy todavía hace que le pongan el vídeo para verse. Se echa a reír cada vez que ve lo de la tarta. Y cuando ha visto después de tanto tiempo a mi padre le ha dicho “el hombre de la tarta” y se ha echado a reír.

Hace un par de años fuimos de vacaciones a un hotel en Guardamar. A la semana de estar allí llego un grupo de chicos con síndrome de Down desde Madrid. La dirección del hotel pidió que si se tenían quejas de su estancia que se avisase en recepción. Hubo gente, por decirles algo, que al saber que iba a llegar este grupo se marchó. Otros muchos, personas que viajaban desde distintos puntos de España por el Inserso se quejó de que “gente como esa viniera a un hotel”. He de decir que los que más jaleo y molestias causaban eran los del Inserso.

El día que llegaron, los chicos de Madrid, nosotros volvíamos de la playa. Cuando vieron que íbamos cargados nos cedieron uno de los ascensores. Les llamó la atención, tanto a ellos como a los profesores, que les saludáramos, les diéramos las gracias y habláramos con ellos. Un día esperando para poder ver al médico, yo me puse mala, empezaron a llegar alguno profesores con algunos chicos. Una se había clavado una astilla y lloraba, el otro se había puesto ciego de helado y estaba empachado y los demás iban a dar apoyo a sus amigos. Al verles tan agobiados a los chicos, le dije a mi madre que pasaran ellos primero, dijeron que no y además el médico tenía un orden que no estaba dispuesto a alterar. Desde entonces nos vieran donde nos vieran siempre nos llamaban y nos saludaban, en el hotel, en la playa, en el pueblo… daba igual. Al día siguiente de llegar al hotel mi padre estaba fumando y un chico se le acerco y le dijo que eso era malo, mi padre le dijo que tenía razón y que él no debía fumar nunca. Luego le preguntó su nombre, mi padre le contesto y él le dijo que se llamaba Curro y que trabajaba en un vivero. Cuando uno de los profesores le vio se acercó rápidamente a mi padre y le pregunto que si le estaba molestando, mi padre le dijo que no, que se estaban haciendo amigos. Desde aquél día cada vez que nos encontrábamos con Curro siempre decía lo mismo a sus compañeros y profesores: “mi amigo Juan…”

Alguna vez hemos ido en el autobús o andando por Madrid y de repente hemos oído “¡Juan!” nos hemos dado la vuelta y era Curro. Nos ha saludado y preguntado por el resto de la familia (mis abuelos iban con nosotros en las vacaciones).

También está Yolanda, una gallega con genio pero muy dulce, para la que su autismo no ha sido obstáculo para ser una gran tía, prima y pintora que ha ganado algún que otro premio.

¡A todos ellos gracias por haberme ayudado a crecer como persona!

Que este artículo sirva para dar las gracias a todos ellos y a los que me siga encontrando en la vida, de los que estoy segura aprenderé muchas cosas. Para ese abuelo que no se ha quedado con los brazos cruzados lamentándose, sino que ha luchado para ayudar a su nieto y hacerle las cosas más fáciles a él y a muchos niños en su situación.

Y que sirva para abrirles los ojos a todas esas personas que todavía creen que los autistas, quienes padecen síndrome de Down o cualquier otra discapacidad, deben estar apartados de la sociedad o que pueden contagiarles algo.

Esta gente es diferente pero porque saben amar como ninguno de nosotros, los “normales” sabemos hacer.

¡GRACIAS A TODOS!

5 Comments

5 thoughts on “Navegador Web para mi nieto autista

  1. Santiago Valverde dice:

    Sin desmerecer tus anteriores artículos este es magnifico.

    Creo que es verdad que las personas comunes cargamos con un negativo bagaje de desconfianza y miedo a todos aquellos que vemos diferentes. E inmediatamente que entramos en contacto con una persona atípica la tildamos de inferior sólo por que no es común y corriente como “nosotros”.

    Gracias por compartir unos párrafos tan hermosas.

    1. Ana Alonso dice:

      Gracias a tí Santiago por tomarte un poco de tiempo y leer el artículo. Siento que haya sido tan largo, pero creo que no debía dejar a ninguno fuera.
      Es una pena que haya gente que piense que estas personas por no ser exactas a ellos las consideren diferentes, raras e inferiores. Creo que ellos sí son los inferiores, inferiores en humanidad.

  2. ramhavok dice:

    Hola , aunque mi tematica bloguera sea de linux, he publicado un post respecto a este, ya que se ha visto la necesidad de esta aplicacion para niños autistas, espero que algun dia la aplicacion sea multiplataforma y se pueda usar en cualquier pc. Saludos!

    1. Siempre es un gusto que nuestros articulo aparezcan en blogs o revistas. Gracias.

      Es cierto el tema de ser multiplataforma. Ahora en muchos colegios están usando GNU/Linux y el adaptar herramientas como esta sería una gran ayuda.

      Por cierto, estaría muy bien que publicaras la dirección de tu blog para visitarlo.

Add Your Comment: