La estación fantasma de Chamberí vuelve a la vida

Todos, alguna vez, hemos pegado la nariz a la ventanilla del Metro entre las estaciones de Iglesia y Bilbao, de la línea 1.
Todos hemos visto esa vieja estación, descuidada, con carteles de otra época, una estación cuya decoración en cerámica y azulejo, en la actualidad sería, y de hecho lo es, imposible de concebir. Una estación que en su día fue utilizada como almacén y refugio ante los bombardeos aéreos durante la Guerra Civil.

Cuarenta años después de su clausura y tras más de un año de rehabilitación, la estación de Chamberí volvió a la vida. No como parada, sino convertida en “Anden Cero”.

Situada entre la calle Luchana y Santa Engracia, la estación de Chamberí cerró sus puertas el 21 de mayo de 1966 debido a la ampliación de la línea 1. Ante la imposibilidad técnica de reformar la estación por su situación en curva, sumada a su proximidad a las estaciones de Bilbao e Iglesia, el ministerio de Obras Públicas decidió tapiarla, dejando todo tal y como estaba.

Quien visita ahora la rehabilitada estación se encuentra con las taquillas, berreras de acceso e indicadores de la estación tal y como eran cuando se construyó la estación. En el andén se pueden ver anuncios hechos en mosaico de Cafés La Estrella, Cementos Portland, la Naranjina, Gal, Longines y la Gota de ámbar. Además se han incorporado pantallas gigantes que proyectan documentales de la época. En las taquillas, un cartel amarillento informa de “rebajas de tarifas” y en otro podemos ver un pase especial para ir a los toros por sólo 0,50 céntimos. También podemos ver un documental dedicado a la historia de la creación del Metropolitano Alfonso XIII.

El visitante de Andén Cero comienza su visita con un toque actual, ya que el acceso se realiza por una espiral de cristal que alberga la escalera y el ascensor. Cuando uno llega a la entrada olvida el S. XXI y aterriza en 1919. Uno se encuentra con las taquillas, barreras de acceso e indicadores de la estación original, tal y como era hace casi 90 años. Su rehabilitación ha consistido en la restauración íntegra del interior, suelos, muros, bóvedas y carteles publicitarios, así como la recuperación del mobiliario y de los andenes originales. Además se han conservado los “rombos” originales de Metro y los anuncios en paños de azulejos de productos que ya no existen, de teléfonos de cuatro números y de comercios que ya han cerrado sus puertas.

Una estación cerrada durante más de 40 años que tras su cierre ha sido objeto de leyendas. No se si ciertas o no, pero lo que si es cierto es que cuando comenzaron las obras de rehabilitación lo único que había era polvo y algún graffiti. Nada de arañas ni de ratas. Algo nada usual dado el lugar que se volvía a abrir.

Una estación del pasado que abre sus puertas a las nuevas generaciones y que hace un guiño de complicidad a los vecinos de un barrio que siempre se han sentido orgullosos de una estación olvidada por todos menos por ellos, su estación, nuestra estación de Chamberí, y que ahora pueden enseñar a sus nietos.

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