Qué todo el mundo vote

Leía el pasado jueves en el diario El País un artículo de Pablo Ordaz, con un título que captó mi atención al instante “Que hoy sólo sea jueves”, un aburrido jueves de campaña electoral, que nada tenga que ver con el vivido hace cuatro años, con el horror y el sufrimiento que el atentado terrorista del 11 de marzo de 2004 inundó e inunda cada día nuestras vidas. Cuando me metí en la cama, pensé, esbozando una sonrisa, que habíamos conseguido que ese jueves 6 de marzo, fuera eso, sólo jueves.

Pero después del jueves, llegó el viernes, y con él, la muerte de Isaías Carrasco, el dolor de sus seres queridos, otra víctima más del terrorismo, un padre de familia, trabajador, asesinado por una banda de cobardes, que crees que cada día están más debilitados, pero que siguen haciendo el mismo daño.

Entonces es cuando empiezas a ver en los medios, las caras de los líderes políticos, los rostros cansados, las lágrimas, los silencios, las declaraciones. Lees en los periódicos los bochornosos episodios que protagonizan nuestros políticos, tanto de un partido como de otro y piensas…”lo han vuelto a conseguir”. Pero de repente, pones la televisión y aparece rodeada de micrófonos, cámaras y gente, Sandra Carrasco, la hija mayor de Isaías.

Con la mirada fija en un punto y el semblante serio e imponente, la vasca de 20 años hace unas declaraciones llenas de sinceridad y sentimiento. En ellas pide por favor, que la muerte de su padre no sea manipulada por nadie. Con los ojos llenos de fuerza y rabia afirma que su padre ha muerto por defender la libertad y sus ideales y confiesa que su familia irá a votar, a lo que pide insistentemente “qué todo el mundo vote”. Pues bien, hoy he ido a votar. Y aunque son muchos los motivos que me llevan a ejercer mi derecho, en mi cabeza no han dejado de rondar las palabras de Sandra y el horroroso asesinato a sangre fría de su padre.

Hoy, mi corazón no sólo está con Sandra, sino con todos los ciudadanos que se enfrentan cada día al problema de un nacionalismo exacerbado. Que conviven con fanáticos que ya no saben cuales son sus ideales e intentan acobardar a la democracia mediante la violencia, que saben quién eres, dónde vives, que te señalan a ti y a los tuyos.

Doy las gracias a todos esos hombres y mujeres valientes que se enfrentan cada día a los que apoyan a ETA, en los plenos del ayuntamiento de sus pueblos o ciudades, en los bares y en las tiendas. Porque no es lo mismo manifestar tus ideas en Albacete que en Mondragón. A todos ellos les alabo su coraje, y les doy todo mi apoyo en forma de voto. Si los terroristas quieren mi abstención, aquí tienen mi voto.

Y desde aquí le pido a mi gobierno, gane quien gane, que nos ayuden a todos a acabar con este conflicto, que no utilicen a las víctimas como escudo, les exijo que nos transmitan aliento y seguridad, que nos den respuestas, que trabajen duro y que nos mantengan las ganas de luchar todos juntos sin potenciar el odio, y así conseguir que el resto de los días sean, simplemente un día más.

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