Palabras malditas, malditas palabras

Todo se puede convertir en palabras

Todo se puede convertir en palabras. Y en un texto caben todas las clases de palabras: malditas, directas, mentirosas, románticas, atrevidas, disfrazadas, seductoras o impuras. Lo que leemos son puras palabras. <img24|center>Palabras son lo que hablamos y lo que escuchamos. Las palabras no son ni buenas ni malas, simplemente son signos que sirven para expresarse. El lenguaje está vivo porque es reflejo de la sociedad que lo utiliza, de sus valores, de su cultura, de su evolución. Se contamina de otras lenguas, de jergas, de nuevos modismos y genera términos que se adecuan a su uso cotidiano.

Con palabras conformamos el lenguaje, entendiendo por lenguaje la capacidad que tienen los hombres para expresar su pensamiento y comunicarse –intercambiar información- por medio de un sistema de signos vocales y ocasionalmente gráficos. En las primeras líneas de ‘Cien años de soledad’, Gabriel García Márquez describe Macondo diciendo que “el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.

Octavio Paz señala que “en nuestro lenguaje diario hay un grupo de palabras prohibidas, secretas, sin contenido claro, y a cuya mágica ambigüedad confiamos la expresión de las más brutales o sutiles de nuestras emociones y reacciones. Palabras malditas, que sólo pronunciamos en voz alta cuando no somos dueños de nosotros mismos”.

El lenguaje como elemento integrador

A pesar de la carga esotérica que el poeta mejicano da a ciertas palabras, el lenguaje es una herramienta cuya utilización depende de la intención del sujeto que la emplee. En sí mismo es tremendamente democrático y aunque ciertos grupos quisieran, serían incapaces de modificar un significado sin que la comunidad lo aceptara. El lenguaje no es machista o sexista, no es racista, no es excluyente; por el contrario, el lenguaje es un elemento integrador ya que posibilita la comunicación.

Bien es cierto que es fruto de la evolución de una sociedad y, en este sentido, existen expresiones que pueden considerarse hirientes para determinados grupos: mujeres, judíos, gitanos, homosexuales o discapacitados, porque el lenguaje también es conformado por los grupos que ostentan el poder social, político y económico de la misma.

En este sentido, serán estos grupos los que propugnen nuevos vocablos, nuevos significados para “viejas” palabras, pero no penetrarán en la sociedad desde la imposición, sino desde la convicción.

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