¿Hablamos con pelotas?

Revista maravilhion

El debate hace mucho tiempo que esta ahí. ¿Es machista el lenguaje? Muchos lingüistas y sociólogos afirman que no es así y que aun siéndolo carece de importancia. Pero por muchas personas la cuestión de la comunicación y, por consiguiente, la del lenguaje es central. Las palabras son clavos para colgar ideas.

El uso de la palabra, la moneda de cambio de los contenidos, parece ser un terreno fastidioso, una molestia más en este mundo moderno donde cada día aparecen nuevos argumentos para concienciar nuestras vidas. Leyes ambientalistas, anti-tabaco, protección de la infancia, y también en el documento hay que añadir mujeres, ciudadanas etc… ¡Vaya rollo! Pensaran algunos.

No obstante, en el conflicto de los géneros poner atención sobre el porque hay que insistir en el uso del neutro no es tan secundario; a las palabras, que a veces parecen inofensivas, siguen acciones capaces de destruir o crear. La identidad sexual y su nominación es el principio con el cual si afirman las diferencias. No es un caso que en el idioma taliban no existe ninguna palabra que significa “mujer”, porque simplemente las mujeres no existen. En las culturas occidentales los dos géneros constan en el lenguaje, pero la mayoría de las veces es el neutro que viene usado para indicar los dos géneros. Aunque, mirando a la Constitución Europea redacta en el 2003, que los derechos universales son del hombre, no de la humanidad o bien de hombres y mujeres.

Hay quien sigue sosteniendo que el lenguaje en si mismo no es sexista, sino que tiene unos mecanismos y éstos están por encima de toda discriminación. Así que el utilizar el masculino para englobar a ambos sexos tiene una explicación:

  • El principio de economía que dice que una lengua emplea el menor número posible de unidades
  • El principio de neutralización que dice que cuando dos unidades lingüísticas no pueden diferenciarse en un contexto se emplea sólo una de ellas. Ej.: decir “los vecinos han decidido…” quiere decir que “los vecinos y las vecinas han decidido…”

Pero, analizando el diccionario de la Real Academia es claro que palabras morfológicamente idénticas y que sólo difieren en el género tienen significado discriminativo para la mujer y positivo para el hombre. Así que zorra es aquella prostituta o mujer pública; mientras que zorro es aquel hombre que es astuto. Mujercilla es aquella mujer perdida y de mala vida; sin embargo hombrecillo es solamente el diminutivo de hombre. Fulano es el hombre indeterminado o imaginario y fulana es la mujer ramera o de vida airada. Y así hay una cantidad de refranes descalificativos para la mujer : “Gallinas y mujeres entre cuatro paredes”, “Palabra de mujer no vale un alfiler”, “Dos hijas y una madre, la perdición de un padre”.

El lenguaje es la manifestación de las personas, de lo que piensan; en si mismo no es machista, machista es la sociedad, las personas, el sistema que ha sido creado alrededor del hombre, donde la mujer es simplemente su acompañante.

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