En el corazon del debate

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Antes de nada, convendría arrojar algo de luz sobre una duda suscitada en el debate acontecido anoche, y que cabe a muchos. Dicho acto convino en anunciarse y concelebrarse bajo el título “Debate electoral entre los candidatos Mari Luís Zajoy y José Ano Rodríguez Rapatero”, como primera condición integrante de un surtido de sine qua non que al final no llegó a superar la cifra de trescientos. Un ejercicio de profilaxis, lógico y comprensible por otra parte, para contener una fuga de votos, en principio no deseada, que bien podría haber provocado un tendencioso orden nominal de los combatientes. Tras un aventurado trabajo de investigación, este periodista está en condiciones de confirmar que, efectivamente tal y como sostiene una corriente de opinión mayoritaria, se trataba de los señores Rajoy y Rodríguez Zapatero. Una vez descifrada esta arista o fleco, nos sumergimos en el análisis en profundidad del debate, comenzando por su aspecto más trascendente y esperado, el resultado final. Así, desde el atisbo neutro y de hermética imparcialidad que debiera blindar la pluma de todo periodista y desahuciado el interés acólito, este peristilo declara como uno y glorioso vencedor en la noche de ayer, sin paliativos, al que consiguiera empiltrarse nada más cenar. Cuantas veces no se ha prometido uno vanamente al amanecer, entre bostezos, tropezones y rascaduras, que en transcurrida la jornada y venida la noche, no demorará ni un ápice más allá de lo necesario el ansiado momento de la horizontalidad. La ocasión anoche la pintaban calva. Para los perdedores, el lunes que viene se presenta otra nueva oportunidad.

Sobre el desarrollo del debate en sí, quisiera transcribir literal, por su riqueza e interés, un extracto del mismo coincidente con el segmento de mayor audiencia:

– ¿Cómo ve usted, Sr. Grissom, la ejecución de este crimen?

– Más bien clásica, Jim. Si quieres saber la verdad, ha sido la Sta. Amapola, con el candelabro, en el cuarto de baño…

Bien, creo que no era este el fragmento en cuestión. Se conoce que en pleno escarceo de sofá con mi señora debimos darle con el pie al transcriptor digital que se hallaba capturando sobre la mesita, y se debió trastocar grabando la emisión de CSI en T5.

En fin, en el capítulo de conclusiones, quisiera ser yo, en este caso, quien plantee una duda que me nace de una concienzuda reflexión. Tanto, tanto con el primer candidato negro y demócrata de la historia y por más que intenté distinguirlo ayer en la pantalla, no me fue posible conseguirlo. ¿Se pasaron con el maquillaje de los candidatos? ¿Acaso me jugó una mala pasada nuestro televisor, pelín antiguo? Desde luego lo que no me pasó por alto fue que uno de los candidatos se refirió a si mismo un total de 158 veces como demócrata (sin contar las que pudiera autoproclamarse durante la pausa publicitaria, claro). Sospecho, por tanto, que pueda ser él. Pero a tenor de las veces que el otro, el de barbas, le llamó mentiroso, ya no sé que pensar.

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